Raro si raro dos veces


Gustavo Gómez Vélez


¿Qué es lo que te dicen cuando te dicen raro?
Esto podría ser tratado por la psicología, además porque se diría que es un caso “raro”. Su caso es raro, puede decirte también un abogado. Es que la vida es muy rara, ¿no? No encuentro el celular donde lo dejé, rarísimo.
Zapatos raros, vestido raro, que peinado tan raro dicen los estilistas, y qué hijuemama trabajo tan raro nos puso el profe de calculo, dicen los estudiantes.
O, yo no le veo nada de raro a eso, en todas partes hay, comenta un experto de tecnologías modernas, pues no le parece nada raro; en este mundo se ve de todo.
Dice el diccionario de Raro—Rara: que se comporta de modo no habitual. Extraordinario, poco común o frecuente.
Lo cierto es que me resultó raro que varias veces en la vida me hayan dicho “usted tan raro”. Y en verdad uno no se pone a mirar bien el asunto en esos momentos puesto que no le para bolas a esos comentarios, al fin uno tan ocupado en sus rarezas, qué demonios se va a poner a darle vueltas a eso que le dicen cuando ni siquiera se ha dado cuenta de serlo, pues también crees que lo que están diciendo es que “está usted loco”, entonces ni modo. Sigues ahí hasta que con el tiempo vuelven a decírtelo y entonces medio lo piensas y crees que tal vez sí, que a lo mejor lo eres, pero tampoco hurgas en ello y sigues la vida tal cual. La mayoría de las veces pensando en que andas viviendo una vida común y corriente y que eso de raro no va contigo y listo.
Si acaso escuchas por ahí decir: ve como camina de raro, como mira de raro, como habla de raro, come raro, baila raro, piensa muy raro, le gusta música muy rara, lee novelas extrañas, y hasta se imaginan la cantidad de supuestas rarezas que hace uno en la intimidad. Y entonces empiezas a decirte, eh, que vaina, sí parece que soy raro. Y a preocuparte, y a ir al médico y este te encuentra un lunar que se está poniendo como rarito, ¿no?, dice, y pregunta si has sentido rasquiña, picazón o que si te ha cambiado de color, y que si usted por casualidad, ¿ha sentido algo raro últimamente?
Respondes: sí, la gente anda diciendo que soy raro, ¿será por ese lunar, Doctor?
Y cuál, qué iba a ser el lunar si quienes le dicen a uno raro, por lo general nunca le han podido ver el lunar bajo el ombligo, entonces piensa uno en lunar, luna, astronomía, astrología y se consigue la cita para que le lean la carta astral en el cuerpo y te ponen desnudo boca arriba indicándote dónde tiene uno el Sol, la Luna, Marte, y sus respectivas constelaciones, y te dicen: ¿sabía usted que este es el año internacional de la Astrología? Me quedo de una pieza, cómo así, y el lunar raro que tengo qué viene a ser en mi cuerpo cósmico, y una lluvia de estrellas fugaces comienza a girar en tu cabeza escuchando al vidente decirte un sartal de supuestas situaciones adversas de tu vida pasada, atraídas quizá, gracias a la fuerza centrífuga de tu lunar bajo el ombligo causante de perdidas de trabajo, de amores dolorosos, de herencias perdidas, y que en el futuro, usted no se preocupe, dice, que ya como Júpiter se movió, y Venus brilla más, y la Luna se ve más grande, usted va a tener de ahora en adelante, gracias a su lunar cósmico, una vida extraordinaria.
Decepcionado porque de ahora en adelante iba a tener una vida extraordinaria, pues tener una vida extraordinaria es ser más raro todavía, me dirigí a casa del Doctor Migraña, por cariño, experto en casos anormales, con la esperanza de que él sí me iba a sacar del mundo de los raros para que nada extraordinario rondara en mi vida y que sería normalito, normalito como Dios manda, gracias a mi madre y mi padre que me trajeron al mundo.
El Doctor Migraña vive en un condominio muy populoso, en el bloque 15 entre el piso 9 y el 11, es decir en el décimo. Migraña tiene el don de la paciencia para escuchar a su interlocutor, la mirada calma, el estómago abundante, y lo más importante: La palabra directa al grano.
Me dejó poner la chaqueta en el perchero mientras dejaba de sudar, me dejó sentar sin prisa, tomarme un jugo de naranja, sobar al perro de casa, un criollo simpático que husmeaba mis zapatos, y finalmente me dejó hablar.
Le dije: Vea Doctor, he acudido a diversas partes para ver si el caso mío, ese de que si soy o no soy raro, tiene alguna solución equitativa, o por lo menos que no me perturbe el serlo y en caso de no serlo, pues que usted me ayude a que no lo vaya a ser porque vivir con esa chapa es un lastre para este mundo y poco productivo, ni apropiado ni mejora la capa de ozono. ¿Usted que cree Doctor Migraña?
—Creer, creer, no creo mucho en nada, excepto que estamos aquí en mi casa conversando. Y que usted sea raro, no tiene nada de raro. Ahora todo el mundo es raro. No ve usted la gente caminando de un lado a otro como hablando sola pegados del celular. No ve usted cómo gritan jugando fútbol en su casa insultando a un árbitro virtual, y cómo bailan solos con una orquesta que es un solo tipo, en medio de quinientas personas, sin enterarse quien les habla, quien brinca a su lado. Y los que dialogan, ¿cómo dialogan, ha visto usted eso? Se encuentran dos amigos en la esquina, y le dice el uno al otro: váyase para su casa, y yo para la mía, y ahí charlamos, o sea: conéctese al chat. Un poco ridículo, ¿no le parece? Pudiendo hablar frente a frente de asuntos personales, le dicen al otro, ¡no, sabe qué, mejor hablamos por el celu!
Parece que la presencia del otro asusta, el cara a cara, la mirada, el gesto, la mano, el roce, escuchar el sonido particular de las palabras, el tono de voz del interlocutor, así, como usted y yo. Nada se ve ahora. La actualidad, es decir el estar en un mismo lugar, en un acontecer, ha desaparecido tras las cortinas de la tecno. Miedo al otro. Pero vaya usted a ver la intimidad de sus cuartos, llenos de los nuevos aparatos, conectados al mundo, manoteando con el portátil, enviando mensajes, jugando, hablando a través del manos libres, en fin que usted no puede ver tipos y tipas más raros que esos, salidos de este mundo en su cuarto privado pero conectados a “todo”.
Así que no se sienta usted de otro mundo, que bien parado en este se encuentra y cálmese. Vea: tómese este vinito y enseguida me va contando cómo es eso por allá en Marte, ¡salud!


Gustavo Gómez Vélez (Colombia)
Gestor cultural y actor de teatro, ha sido suplente de las Residencias Artísticas para México, Área de Literatura del Ministerio de Cultura de Colombia en 2001. Actualmente es coordinador de Cultura de la Biblioteca Diego Echavarría Misas y prepara dos libros, uno de cuentos y una novela. Ha publicado, entre otros los libros de cuentos Los Amoríos de Silvana Blert y otros cuentos y Usted no tiene quién me quiera.


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