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El eterno cavador
de su propia tumba


René Orlando Segura


En un valle vivía un solitario hombre que tenía la costumbre de todos los días cavar su propia tumba. No se sabe desde cuándo lo hacía, pero por la cantidad de tumbas que había cavado debía ser desde hacía mucho tiempo.
Un día un anciano entró a los dominios de este hombre y le dijo:
—¿Qué pretende con estas tumbas?
El hombre dejó de cavar pero no contestó nada.
—¿Es que usted va a matar a muchas personas? —el anciano preguntó.
—No me interesa matar a nadie —respondió el hombre.
—¿Entonces para quién son las tumbas?—replicó sorprendido el anciano.
El cavador contestó:
—Son sólo para mí.
El anciano intrigado le dijo:
—¿Pero para que cavar tantas tumbas? ¿No sería suficiente sólo con una?
El cavador simplemente le dijo:
—¿Esta seguro que con una sola sería suficiente?
Después de decir esto, el eterno cavador de su propia tumba continuó con su labor.
En ese momento el anciano lo entendió todo y salió de ahí apresurado a cavar sus tumbas, esperando cavar muchas en lo poco que quedaba de vida.


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