El prestigio de la narración policial

Luis Fayad


Ya va para dos siglos, desde que aparecieron los cuentos de Edgar Allan Poe, que en las clasificaciones literarias se incluye la narración policial, con frecuencia con el nombre de género. Una edición de los cuentos completos del escritor argentino Manuel Peyrou (1902-1974) comprueba que él fue no sólo uno de los albaceas de la nueva modalidad aplicada a su manera de escribir, sino también uno de los principales en corregir muchas de sus definiciones y en darle una forma y unos rasgos que la caracterizan y la apartan de la mala interpretación que ha tenido en otros una frase de Borges. De acuerdo a la frase, el cuento moderno es el de la vocación policial. La reedición periódica de las obras de Peyrou y su traducción a otros idiomas está entre los mayores aportes para que esta parte de la literatura en idioma castellano se haga universal.
Buenos Aires, la de Manuel Peyrou, como México o como Río de Janeiro, era una ciudad idónea para que se desarrollaran el cuento y la novela policiales. El origen de este nuevo asunto de la literatura se le atribuye al cambio del comportamiento humano en las grandes ciudades, en el que las aglomeraciones crean nuevas clases de delitos, y la soledad y el conocimiento poco cercano entre las personas producen nuevos miedos. Cuando el delito se comete, el escritor delega a uno de sus personajes —puede ser un comisario de la policía, un detective privado o una persona que por casualidad desempeña ese trabajo— para dejar al descubierto al delincuente. Con estas definiciones, es lógico pensar que la narración policial pertenece a todos los momentos de la literatura. No como género ni como propósito, pero sí como un elemento que tiene que ver con el ser humano, con las pasiones que ocasionan diversos finales.
Cuando Borges hace la declaración citada arriba, no se refiere a una investigación que aclara un delito, o no sólo a ese proceso, sino a las cuestiones de estilo que son requisito para la narración policial, la síntesis del lenguaje y de la escena, que busca otro enriquecimiento en ambos casos, y la espera que conduce a una solución. Por eso hay capítulos de novelas que en apariencia son contrarias a la narración policial y, sin embargo, pueden reproducirse como ejemplos de esta categoría, aunque pertenezcan a Los hermanos Karamazov de Dostoyevski, para no recurrir siquiera a la más obvia Crimen y castigo. En La espada dormida, El estruendo de las rosas, La noche repetida y en otros libros de Manuel Peyrou, confluyen las virtudes que actúan como premisas y, además, sin ser expuestas, hacen suponer teorías propias. El don de la deducción en el que investiga, tanto en la literatura de la pequeña urbe como en la que vino después, es la principal fuente para aclarar el delito, es el insustituible instrumento; lo demás, lo que vino después de esos años, es el complemento que llega hasta la sofisticación con los adelantos de la técnica y las urgencias de las metrópolis.
La imaginación de Manuel Peyrou se mueve por escenarios corrientes para crear un ambiente de misterio y no de extravagancia. En sus renglones se mantiene el tono de la intriga situado en una sociedad que revela su comportamiento sin dar explicaciones sociológicas ni de ningún otro tipo; éstas aparecen como fondo y quedan como las mejores explicaciones de su obra. No es el cuento policial el que hace reflexionar sobre la obra de Peyrou; es él quien hace reflexionar sobre la literatura y sus cambios, y sobre otras modalidades de la escritura, ya que otros de sus libros abarcan otros temas.

Luis Fayad (Colombia)

Vive en Berlín-Alemania desde 1986. Se desempeña como escritor, periodista y traductor. Ha desarrollado varios proyectos culturales con las universidades alemanas y con entidades culturales. Tiene traducidos al alemán una novela y varios cuentos en antologías y selecciones de cuento.
Sus libros publicados son:
Novela: Los parientes de Ester (1978), Compañeros de viaje (1991), La caída de los puntos cardinales (2000), Testamento de un hombre de negocios (2004).
Relato: La carta del futuro (1993), El regreso de los ecos (1993), Un espejo después (1995).
Cuento: Los sonidos del fuego (1968), Olor de lluvia (1974), Una lección de la vida (1984), Cuentos reunidos (2008), Un espejo después (1995, 2003 y 2010)


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