Último minuto

Luis Felipe Cano



Al sur de Mons, 3 de noviembre de 1918:

Desde hace meses los perseguimos entre las trincheras. Apenas si recordamos los días del cruce del Somme cuando cada kilómetro debía ser arrebatado con fiereza a los alemanes. De todas formas, ya somos pocos veteranos; de quienes zarpamos de Quebec sólo Charles Stevenson, Henrry Gunther y yo seguimos en el pelotón.
Larry murió en el hospital hace una semana, ya nadie me llamará “Princess”.
“Aquel 30 de junio de 1966 se realizó un enfrentamiento que luego pasaría a ser clásico en la historia del fútbol. Inglaterra y Alemania se presentaban en Wembley con dos magníficos equipos construidos desde presupuestos muy similares: defensa férrea, un gran arquitecto en el medio campo, juego rápido y directo y puntas veloces con gran capacidad de remate…
La selección anfitriona era, seguramente, la más potente de las que jamás han disfrutado los aficionados de las Islas. Se apoyaba atrás en un baluarte como Banks. La defensa liderada por el legendario Bobby Moore y arriba, el joven Geoffrey Hurst”.


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Le Havré 5 de noviembre de de 1918:

Querida Nancy:

Creo que nos veremos pronto. Los rumores del armisticio son cada vez más fuertes, los oficiales pasan el día junto al telégrafo y en discusiones privadas en la tienda de comando. No queremos avanzar, inventamos averías en los equipos y los oficiales quieren creernos.
Anoche oímos un acordeón desde el lado de los Gerrys, rasgó el murmullo incesante de los canales. Todos, nosotros y ellos, escuchamos en silencio.
“... Así están las cosas cuando el colegiado suizo Dienst da el pistoletazo de salida para la gran final. Se observa nada más al comenzar que Beckenbauer marca a Bobby Charlton, estrella del rival; esta labor de destrucción, correctamente ejecutada por el Kaiser, afectará a toda la creación del juego teutón, y será considerada después un grave error del técnico Schoen…
Cuando aún no ha pasado prácticamente nada, salta la sorpresa: balón que bombea Held, nadie despeja en la zaga inglesa y Haller aprovecha la coyuntura para lanzar un disparo raso al que Banks no llega. Pero Inglaterra reacciona con decisión, y pocos minutos después, una falta botada por Bobby Moore es cabeceada a la red por el joven Hurst. Empate y vuelta a empezar”


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Le Havré, 10 de noviembre de 1918:

Querida Nancy:

El armisticio es una realidad. Mañana a las 11:00 de la mañana todo habrá terminado. Nos entregamos a una última orgía de sangre, los artilleros no quieren volver con su munición, los alemanes combaten como si la guerra apenas iniciara.
Peleamos a quemarropa. Es curioso, pero sólo hasta ayer usé la bayoneta por primera vez y aunque la muerte en sus formas más atroces ya no me es ajena, no he podido desprenderme del sonido de mi hoja enterrándose en el pecho del alemán: recordé a mi padre mordiendo lentamente una manzana verde en nuestra estancia de verano.
Creo que el infierno ha emergido y se ha apoderado del mundo. Combatimos de casa en casa, bebemos, comemos, cantamos, asesinamos. Nadie teme a la muerte, ellos y nosotros nos lanzamos a las bocas de los cañones esperando ahogarlos con sangre.
Te escribo estas cosas en este diario que nunca te revelaré.
“El segundo tiempo está presidido por el miedo a los errores, y no ocurre prácticamente nada reseñable en la primera media hora de juego, mientras los jugadores conservan intactas sus fuerzas y se mantiene el rigor táctico. Sólo un disparo de Charlton y la sensación de que Alemania está ganando el partido. Sin embargo, Inglaterra vuelve a desequilibrar a balón parado, en un saque de esquina que prolonga Hurst y fusila Peters. Parece el fin, Alemania ataca agónicamente y el público canta “Rule Britannia” celebrando por anticipado. Pero nunca se puede dar por muertos a los alemanes, porque siempre tienen una última bala en el revólver, y siempre la disparan igual: en esta final es una falta que bota Emmerich; el balón llega a las inmediaciones del arco tras un rebote, y por allí anda el defensa Weber para empujarla y empatar el partido. Aún queda la final”.


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Ville sur Haine, 11 de noviembre de 1918:

Son las 8:35 de la mañana y apenas he dormido dos horas. No puedo recordar todo lo sucedido en la noche y no oigo bien.
Nos sirvieron una tasa de café antes de salir en patrulla contra la retaguardia alemana. Miro mi camisa y mis manos cubiertas de sangre seca. Dejo el café.
“La prórroga se presenta igualada; a la carga de moral que supone para los alemanes haber empatado in extremis, se contrapone su peor condición física, lastrada por el esfuerzo final, y que se adivina en los rostros de los jugadores, tendidos en el césped. Cuando comienza la prolongación, Inglaterra ataca, y a los diez minutos llega el gol fantasma más famoso de la Historia…
El tiempo añadido es de ida y vuelta, con los teutones cansados, y a merced de los contragolpes británicos. En uno de ellos, Hurst lanza un fenomenal golpe que se convierte en el 4-2 y cierra la final, en el mismo momento en que al otro lado del campo se produce una invasión de espectadores y policías. Hurst, que de esta manera había anotado, comentó más tarde que su propósito con el último disparo había sido alejar el balón lo más posible”.
COMUNICADO BATALLON 28 DE INFANTERÍA
CANADIENSE

Le Havré, 11 de noviembre de 1918:

A las 10:57 de la mañana el soldado George Lawrence Price fue mortalmente herido en el pecho por un único disparo de un francotirador en Ville sur Haine, y pese a la asistencia recibida murió a las 10:58.
Por propia iniciativa, la patrulla del soldado Prince entró en persecución de los alemanes en retirada, a sabiendas de la notificación del armisticio y las advertencias de peligro de los civiles en la zona.
A las 11 meridiano fue declarado el cese total de hostilidades y anunciado por el campanario de Ville sur Haine.
El capitán Evans Ross expresa su malestar por este tipo de acciones.

Luis Felipe Cano Vieira (Colombia)

Lector y escritor distraído, amante de las nostalgias y de los encuentros casuales con un buen texto.  


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