Sinfonía de la infidelidad

Juan Fernando Ramírez Arango



Vans sk8 hi, AK
No estoy seguro de si ese día era el primer aniversario de su desliz, o si sería el fin de semana siguiente. Ella me había sido infiel con un fotógrafo que trabaja para una ONG. Lo supe porque, poco después de su perfidia, cometió otro desliz, esta vez electrónico, dejó abierto su gmail en mi computador y allí estaba el correo de la cita: veamos Temporada de patos en mi casa. Ese día desapareció seis horas diciendo que iría con su mamá de compras, a Flamingo y después al Éxito. A las seis horas llamó. Hábilmente convirtió el tema de la llamada en hay un vestido en el Éxito que me gusta mucho, pero yo no se lo podía comprar, una buena forma de trasladarme la culpa. Le pasé el libro que estábamos leyendo, una antología de cuento latinoamericano, B39, así leemos libros de literatura, primero yo y luego ella, yo allano el camino y luego ella pasa. Ella tomó el libro del estante de la biblioteca porque B39, dijo, es un gen que no ha sido aislado. Ella estudia microbiología, yo estudio Filología y soy economista pero no quise ejercer. Buen cuento, le dije. Cuando digo que algo es bueno debo darle una explicación, o al menos agregar algo, así no sea una explicación: habla acerca del porqué amor y tumor son palabras afines. A ella le dio risa, el tipo de risa que celebra mis excentricidades, pero más que excéntrico yo soy bueno haciendo comparaciones, entonces le dije, es cierto, ambas palabras son sustantivos y ambas causan dolor. Ella se dio vuelta hacia el rincón de la cama, mi cama es angosta, giró como gira un cocodrilo para desprender la carne de su presa, y abrió el libro para leer el cuento. En la otra habitación estaba mi hermano menor, alistándose para salir mientras escuchaba el mismo Playlist de siempre. Él es ingeniero, y es el que paga las cuentas. Ese mes las cuentas se dispararon porque, prácticamente, la traje a ella a vivir conmigo, cinco días por semana en mi casa. A lo mejor eso era lo que mi hermano me estaba cobrando al pedirme prestado los tenis: mis Vans sk8 hi, AK, una edición especial conmemorativa a Andy Kessler, el skateboarder fundador del movimiento Zoo York, fallecido en 2009. Los tenis los había robado en diciembre de la exhibición de una tienda de cadena, la de un centro comercial exhibía el izquierdo y la de otro el derecho, y aunque eran de distinta talla, uno 8 y ½ y el otro 9, importaba poco. Ella había sido mi cómplice y eso importaba mucho.


El perro, el yonqui, y mi mamá
El veterinario dice que Naranjita no puede odiar. Lo que sí puede, según él, es asociar sus frustraciones con cualquier persona, animal o cosa. Naranjita es un cruce entre Shih Tzu y Yorkshire Terrier, mezcla fortuita que la hace, dice el veterinario, una conjunción de problemas. Y es cierto, del Shih Tzu heredó un estómago muy deli­cado y del Yorkshire Terrier su mal carácter. Y es que hasta su mayor cualidad, su capacidad para intuir el estado de ánimo de su amo, la convierte en problema, la transforma en anarquía. Naranjita invirtió los roles. Es la reina de la casa y mi mamá, su supuesta dueña, no es más que su dama de compañía. Si Naranjita está mal, mi mamá se pone mal, y Naranjita nunca está bien. Como su estómago es débil y su carácter es fuerte, esa contrariedad de impulsos, ese juego de tira y afloja, la hace sufrir de estrés. Entonces mi mamá se estresa. Ese trastorno de ansiedad hace que Naranjita se coma su propio popó. A parte de eso come poco o nada. Odia la comida para pe­rros y apenas tolera la comida para humanos. Además, sólo recibe la comida cuando se le da con la mano. A su dama de compañía no le recibe porque, gracias a sus continuas yodoterapias, mi mamá apesta a yodo. Su cuerpo de 44 kilos demanda yodo radioactivo para destruir las células de un bocio maligno en la tiroides, así lo dijo su radiólogo. Mi mamá adoptó a Naranjita apenas le diagnosticaron ese cáncer tiroideo. A mí tampoco me recibe comida, y cada vez que hice el intento me mordió, lo ha hecho once veces. La novena vez también mordió, de paso, a mi novia. Le clavó los colmillos en dos dedos del pie derecho. Uno de esos dedos es una rareza, tiene dos falanges distales, por eso lo llamo mi garrita acicaladora. Qui­zás por tratarse de mi novia y por ser un fetichista de pies no me quedó más opción que lanzarle una patada con fuerza a Naranjita. Que del único que recibe comida es de mi primo Otoniel. Oto viene todos los días en la madrugada, entre las 4 y las 5, alimenta a Naranjita, le reclama a mi mamá 13 mil pesos más 20 amitriptilinas y se va. Los 13 mil se los gira mi tía Ana, su mamá, desde Miami, y son el monto diario para comprar medio gramo de heroína. Las 20 amitriptilinas son para olvidar, para dormir desde el mediodía hasta las 3 de la mañana, cuando se levanta para venir a alimentar a Naranjita. Apenas Oto entra al edificio, Naranjita se sube a la mesa del comedor y empieza a ladrar. Ante el llamado, mi mamá a duras penas se levanta, alumbrando en la oscuridad por el yodo, mientras yo me lamento en silencio por haber fallado aquella puta patada.


Last.fm
I have a dream, es su frase favorita, o al menos eso dice en su Perfil. Soy, dice, montañero, satanista, filósofo, domador de leones, pornógrafo, ciclista, heroinómano, ajedrecista, espía y ocultista. A lo que debería agregar inmoral, y aunque de ese Ego sum se sobreentiende, debería hacerlo expreso como una medida de sana­ción para mí. Él se acostó con mi novia seis veces, quizás más. Se conocieron en Last.fm, el mayor catálogo musical del planeta, una red social que emparenta perfiles según sus gustos musicales. La compatibilidad musical entre él y ella, aparentemente, era alta, el medidor que comparaba sus venas musicales dejaba de fluir en un 93%. Entre ella y yo el porcentaje llegó a ser más alto, 96%, un tope que se mantuvo constante desde el quinto hasta el noveno mes de nuestro noviazgo, período al que yo llamo la meseta del A, pero a partir de allí comenzó a descender gradualmente. Esos primeros nueve meses fueron una lista de concesiones, ella adoptó mi gusto por el Avant-garde y yo el suyo por el indie pop, aunque siempre hubo discrepancias muy puntuales, ella idolatraba a Fito Páez y yo no me trago ninguna de sus canciones; para mí Neil Young es im­prescindible y para ella es aburrido en mayúsculas. Entre Fito y Neil estaba nuestro 4% de disonancias, si bien, preferíamos pasarlo por alto. Hasta nuestra primera pelea, que vino por cuenta de la Rolling Stone. Allí, Fito declaraba que Neil Young es una de sus mayores influencias musicales, es decir, el segundo era imprescindible para el primero. Su ídolo, pensé, me daba la razón, si ella era sensata, si Neil Young fuera su nuevo gusto adquirido, alcanzaríamos el 98%. Le envié el link de la entrevista a su correo electrónico, y, efecti­vamente, nuestro porcentaje de compatibilidad subió al 98%. Ese toque de sensatez me conmovió, a tal punto que agregué a Fito Páez a mi lista de favoritos, lo que nos llevaría al 100%, pensé. Lo hice y, sin embargo, nuestra compatibilidad retornó al 96%. Recargué la página 29 veces, nuestro número primo favorito, y nada, en igual número de ocasiones Last.fm me restregó en la cara ese 96%. ¿Qué pasó? Busqué en su lista de favoritos: Mi sorpresa fue mayor, y mi tristeza fue su mayor influencia. En lugar de agregar a Neil Young, ella había eliminado a Fito Páez de su lista. Había preferido matar a su ídolo antes que darme la razón. Esa fue la primera vez que me engañó en Last.fm.


Isoface
Ella tiene problemas hormonales. Por eso a sus anticonceptivos les debe agregar una dosis semanal de Isoface. El Isoface le seca los labios, los ojos y, en general, todos los lubricantes del cuerpo. Le seca tanto el moco y las fosas nasales que ya he visto, en 14 oca­siones, cómo se le viene la sangre por la nariz. No sé por qué las cuento, pero la segunda vez que vi una de sus hemorragias nasales, casi maquinalmente, hice dos rayas en la última hoja de mí cinco materias. La cuarta raya fue suficiente para que ella me contara estos secretos. La combinación de remedios hormonales y del es­tilo de vida universitario hace que, además, sufra de gastritis, para la que tiene una solución simple pero eficaz, llevar dos panes para perro caliente en la mochila. Ella estudia Lingüística y Literatura, y la mayoría de sus ideas viene de Kundera o de divulgaciones de Foucault o de Wittgenstein. Cuando expresa el resto de sus pensamientos lo hace como si fueran una línea punteada, siempre entrecortados por dos muletillas, que paradójicamente son dos conectores, "pues" y "de hecho". Su novio estudia Física, tiene 22 años y vive en Envigado, lo sé porque hace poco ella y yo hicimos un trabajo de sociolingüística en el que había que entrevistar a cinco estudiantes universitarios del estrato 4. Ella entrevistó a su novio y a dos amigos de su novio. Yo entrevisté a mi novia y a una amiga de mi novia. Nuestro trabajo es acerca del modo subjuntivo, que es el modo que expresa la irrealidad. Ella se encargó de diseñar el cuestionario y yo de transcribir las entrevistas. Muy pocas cosas pueden ser más tediosas y más enajenantes que transcribir, pero esta vez no me quejo por haberme ofrecido. Si no, no hubiera te­nido la posibilidad de maquillar la entrevista de mi novia. Ella es tonta por fuera de su ambiente microbiológico. Hacerla interesante me tomó medio puente, todo un domingo y un lunes festivo. Ese sábado lo pasamos juntos, transcribiendo las otras entrevistas. Mi novia es celosa y luego de 7 u 8 minutos de cinta no pudo evitar remedar a mi compañera. Le tomó unos minutos más alargar más las vocales cerradas, sonaba muy parecida. Minutos después percibió la primera muletilla, cada vez se acercaba más. Más tarde percibió la segunda, era casi idéntica. Sólo faltaba algo, y creo que había motivos suficientes para hacerla sangrar por la nariz.

Juan Fernando Ramírez Arango
Economista de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de Filo­logía Hispánica de la Universidad de Antioquia. Finalista del Primer Concurso Internacional de Relato Urbano: una mirada a la ciudad como organismo vivo; Revista Yambria (Barcelona, 2006). Mención de honor en el III Certamen Li­terario de Cuento Corto y Narrativa Breve de Editorial Rome (Buenos Aires, 2006). Ganador de la primera convocatoria de "Escritura Pública: la ciudad que no vemos" Concurso de CANAL U para las crónicas de ciudad y otras miradas de la urbe (Medellín 2007). Finalista del primer concurso de Fútbol en Palabras de la ciudad de Medellín (Alcaldía de Medellín, 2008). Ganador concurso de cuento Afro en Palabras (Alcaldía de Medellín, 2011). Ganador Premios Emisión en la categoría Mejor Relato (Universidad de Antioquia, 2011). Ganador XXIV Concurso Nacional de Cuento Corto y Poesía de la Universidad Externado de Colombia (Bogotá, 2011).


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